Las mujeres que odié (primera parte)

La maternidad es cambio. Como cuando sacás la ropa de verano y mandás la de invierno para el fondo del placard, parir es también cambiar tu repertorio de mujeres disponibles. No regalás la ropa de invierno, no perdés las mujeres que fuiste, pero ya no es tan fácil encontrarlas cuando abrís el placard. Son otras las que están primero a tu alcance, diferentes a las que fuiste. Y muchas veces, las odiaste.

  • La loca del supermercado. Te la cruzaste tantas veces y ahora sos vos. Mechones de pelo que apuntan en todas direcciones, las ojeras dibujadas con alquitrán y  los ojos fuera de las órbitas. Arrastra los pies, mientras intenta evitar que sus retoños destrocen todo a su paso, que abran los alfajores y se los coman, que jueguen al fútbol con las naranjas. “No”, es la palabra que más repite. “No” y “dejá”. “No” y “dejá quieto”. La gente la mira y con los ojos la censura. Todos, hasta la cajera, creen que podrían hacer mejor su trabajo. Ella no ve la hora de llevarlos hasta la casa y prender el televisor. Después, les miente a las amigas sobre la cantidad de horas que sus hijos pasan adelante del cubo iluminado y les hace un discurso sobre estimulación temprana.
  • La hippie prohibidora. Coca Cola no. Lo repetís como un mantra amenazante. A tu madre, a tu suegra y a la maestra. A todos los que encontrás por el camino. Vos que fumaste 16 años una caja y media por día, que estrenaste tu adolescencia tomando sidra Stop en botella de plástico verde y la dejaste regada en varias plazas, vos que podías armar un catálogo de los bares mugrientos de Montevideo. Ahora hacés muffins caseros para evitar los conservantes, le preguntás a la nutricionista cuántos huevos puede comer por semana y estás dispuesta a tirarte palomita arriba de él si en un cumpleaños lo ves cerca de un plato de papas fritas. Si alguien te pregunta si puede comer algo, te hacés la descontracturada y le decís: “Puede comer cualquier cosa lo que pasa es que los fritos no le gustan. Él ama las verduras”.
  • La exhibicionista monotemática. Ese día te diste cuenta. Más bajo no se puede caer. Estás hablando de la consistencia, del color y de la cara que pone cuando hace caca. Y no importa cuantas veces te hagas la promesa, no podés parar de subir fotos al Facebook. Sonriendo, llorando, de frente, de espaldas, de costado. “Me va a odiar”, pensás. Pero no podés parar. Cómo te reías de las pelotudas. ¿Y ahora? Ahora, la mitad de tus contactos, te tienen bloqueada.

(Continuará…)

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8 pensamientos en “Las mujeres que odié (primera parte)

  1. GENIAL ME MORI DE RISA, TAL CUAL…….HORRIBLE PERO REAL MCHAS GRACIAS POR HAERNOSLO DAR CUENTA,, LO COMPARTI CON TODOS CONTINUALO ES GENIAL BESOS Y MUCHA FELICIDAD

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