Las mujeres que odié (segunda parte)

(Para Helena, ya vas vas a entender por qué)

  • La patológica controladora. “Llevaste galletitas por si le da hambre”, “Ponele la campera que está con un poquito de tos y no quiero que se enfríe”, “Si no tenés sillita a tu auto no sube”, “Por qué está tan abrigado si hace calor”, “Que no corra ahí que se va a caer”… Y un sin fin más. Si vos no fueras vos y te vieras de enfrente, seguro no podrías soportarte. Intentás hacerte la descontracturada mientras tu ojo derecho se mueve solo, como el de un lagarto, siguiendo sus movimientos. “¿Y esa manchita?, ¿Ya tenía esa manchita en la pierna? Es nueva, ¿sale con agua? Llamá al médico. Llamá al médicooooo”
  • La triste sin vida. Primero no tomabas alcohol por el embarazo, después porque estabas dando teta y ahora, ahora no tomás porque te dormís sentada. No vas ni a la esquina. El sofá es tu mejor amigo. Te pasás diciendo que tenés que empezar a salir, que tu vida es un embole. Cuando tus amigas organizan un plan, te enganchás toda emocionada, pero después con el pasar de los días te empieza a resultar cada vez más atractivo quedarte durmiendo la siesta. Los fines de semana, tu idea de vivir la vida loca es pedir delivery y mirar una película en Cuevana sin cabecear cada diez minutos.
  • La “dueña” del llanto del ómnibus/avión/etc. Prima hermana de La loca del supermercado, es el secreto temor de cualquier madre. Subirte a un medio de transporte, es temer lo peor. Los ojos de todos los pasajeros fijos en un punto y ese punto, sos vos. Vos y el alarido interminable de tu descendencia. Ahí le das una patada en el culo a Natalia Trenchi y lo sobornás con cualquier cosa para que se calle.

Pero hay otra, y es la peor de todas…

  • Tu propia madre. Sin que te des cuenta, un día te pasa por encima como un tren bala. Una frase, un tono, una manera de mover las manos y el peor temor de tu vida se te para enfrente. Sos tu madre. Un día vas a ser vos la que mande por mail la versión 2030 de los ppt con florcitas y música de Enia, las cadenas denunciando robos de órganos en los estacionamientos de los shoppings o los pedidos de solidaridad con keniatas que tienen plata encerrada en el banco. Vos vas a ser la que lo llame un día de lluvia cuando tenga 30 años para preguntarle si llevó paraguas o te vas a quedar levantada en el sofá del living un sábado hasta las 6:30 esperando que vuelva.

Pero también te das cuenta de por qué hizo muchas cosas, por qué dijo otras tantas. Y la entendés. Pero la entendés de adentro, de muy adentro. Y la querés desde ese mismo adentro. La queres igual. Y la querés diferente.

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3 pensamientos en “Las mujeres que odié (segunda parte)

  1. Me encantó! La reina del dip y la reina del blog! 🙂 me dio mucha ternura y te visualice en cada situación! Ja ja ja! Los mechones de pelo para todos lados, la loca del supermercado! :p

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