La mamá de Suárez

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Que ser madre te cambia hasta la última fibra es algo que escuché tantas veces que ni puedo recordar cuál fue la primera. Hasta los 32 pensé que era una estupidez, que a mi no me iba a pasar. (Bah, lo que pensé es bastante menos políticamente correcto y en la línea de todas esas cosas que pensamos las que alguna vez fuimos jóvenes progre con delirios de intelectuales). Después de los 32, lo que pensé fue que sí, que a mi también me había pasado.

Lo que hasta ahora no había entendido no es que te cambia. Sino cuánto te cambia. Hasta que punto te cambia.

Es más o menos así. Vas al cine a ver una película 3D y te dan los lentes. Te sentás, mirás la película, decís ‘qué lindo todo en 3D, parece que fuera acá adentro’, y hasta llorás de emoción. Termina la película (el parto y puerperio digamos), salís de la sala y ahí pasa eso que no esperabas. Te vas a sacar los lentes y no podés. Están pegados. Tirás y tirás pero no salen. Puteás al flaco que te los dio, te tirás al piso a llorar y patalear, agarrás a patadas el tacho de basura lleno de pop que hay en la puerta. Pero los lentes no salen… Es como si, durante la película, se hubieran vuelto parte de vos. Como tu brazo, tu pierna, tus riñones.

Con los lentes puestos ves a Suárez morder por tercera vez, ante la mirada de millones de personas y lo primero que pensás es: “Pobrecito, no puede dejar de hacer algo que lo daña”. Y pasan los días, y los chistes no te hacen gracia porque no importa cuantas veces te repitas a vos misma que el tipo es millonario, que es adulto, que tiene hijos propios, seguís viendo un niño que se mandó un moco gigantesco y está triste porque perdió lo que más ama, aunque sea solo por un tiempo.

A partir de ahora al mundo lo ves así. Tus ojos son los ojos de una madre. Y esta semana, te tocó ser la mamá de Suárez.

Ahí te das cuenta, que tu hijo es algo alucinante, que convertirte en madre te dio montones de cosas, que jamás lo cambiarías por nada. Pero cuando, un abril, en ese block, el médico te lo mostró por primera vez, algo tuyo se murió. Y se murió para siempre.

Y aunque jamás lo vayas a contar en un té de madres del jardín de infantes, algo te cruza las entrañas. Algo que mucho se parece a la nostalgia.

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2 pensamientos en “La mamá de Suárez

  1. Ana Laura, mi esposo me recomendó tu blog cuando estaba embarazada y me pareció bien escrito. Ahora la beba tiene tres meses y sin percatarme volví a leerlo como si fuera otro, se me piantó un lagrimón. Algo en mi cambió a tal punto. Quiero y no quiero seguir leyéndote, da miedo verle la cara a la maternidad.
    Gracias 🙂

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