La escuela está hecha de kriptonita

Yo tengo un antipoder. Una especie de discapacidad. Así como algunos tienen superpoderes, yo tengo lo mismo pero al revés. Hay lugares cuyas reglas no entiendo. Como si esos sitios fueran construcciones hechas de kriptonita, soy absolutamente incapaz de entender cómo la gente se vincula y funciona adentro de ellos. Me vuelvo un flan humano que no sabe qué decir y qué hacer, mientras a mi alrededor todas fluyen como flotando, como si hubieran nacido sabiendo.

Uno de esos lugares es la peluquería. ¿Se supone que aunque sea la primera vez que voy ya les tengo que dar un beso una por una a las peluqueras? En caso de que la respuesta sea negativa, ¿cuántas son las veces que hay que ir para tener que empezar a saludar con beso? ¿Dónde entregan las Gente y Caras de esta semana? ¿Por qué a mi siempre me tocan las viejas, esas donde la gente que aparece junta ya está separada y la que sonríe ya está muerta? ¿Por qué a mi no me ofrecen el shampoo especial que tienen en la vitrina de vidrio? ¿Cuál es la diferencia entre brushing soplado y brushing común? ¿Cómo le digo que me está quemando las orejas?

En los gimnasios me pasa algo parecido. Fui un año entero antes de enterarme que el montón del que agarraba mi colchoneta era el de las usadas. Ni siquiera sabía que existía una pila para las colchonetas limpias. Y nadie me dijo. No entiendo cómo una que entró dos meses después que yo, habla con la profesora como si la conociera de toda la vida. ¿Hay clases para saber cómo comportarse en un gimnasio y, como con las colchonetas, nadie me está diciendo dónde es? ¿Por qué yo soy la única que transpira y se pone roja?

Este antípoder ha sido mi karma desde siempre. Pero ahora se puso peor. Mucho peor. Ahora es la escuela de mi hijo la que está llena de kriptonita.

No tengo idea cómo es que se hicieron todas tan amigas. No sé cómo funcionan los grupos de Whatsapp. Menos idea tenía que tenía que tener opinión formada acerca de la mejor manera para hacerle un regalo a la maestra. ¿Tenemos algo más en común que haber parido el mismo año y vivir en el mismo barrio?

Al principio pensé que era porque yo no voy (casi) nunca. Pero me di cuenta que no era eso. Después pensé en la escena de Tierra de Osos, donde la chamana le da a la protagonista la habilidad para entender lo que hablan los animales. Es eso, pensé. Eso, pero al revés.

En la escuela, se cumplen las reglas de la escuela. Aún, cuando la que va no sos vos, son tus hijos. Entrás y otra vez aplican las mismas reglas. Están las madres populares, onderas, progres, relajadas. Y estás vos. La de los pelos parados, que llega corriendo porque salió de trabajar a la misma hora en que sonó el timbre en la otra punta del liceo. Están las que tienen 4 hijos y un trabajo, se levantan a las 6 AM y a las 16 siguen impecables, como en animación suspendida. Y estoy yo, que parezco un pato mojado a las 9 de la mañana.

Están ellas en el Día de la Familia, charlando animadas. Están las otras, las descontracturadas que ni siquiera fueron porque les daba fiaca. Y estoy yo, que no pensé que faltar fuera una posibilidad, y encima fui con mis padres y mis suegros.

Y es que aunque finja que no lo sé, como un tsunami venido desde Kriptón, rejuvenezco de la peor de las maneras. Y ahí, adelante mío tengo la respuesta: En la escuela de mi hijo, yo soy la mamá nerda.

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