5 madres de Navidad y Reyes que siempre odiaremos

panza navideña

La previsora. Siempre creí que es un animal mitológico, una creación de la ciencia ficción. Pero aunque sean un modelo imposible de alcanzar para mí -como las mujeres que trabajan, tienen hijos, y las piernas depiladas- ellas existen. Existen y compran los regalos de Navidad, y Reyes, en abril, mayo y junio (julio y setiembre no por las vacaciones, agosto tampoco para evitar las aglomeraciones por el día del niño), octubre y primeros días de noviembre. Los compran por Internet y los reciben con tiempo o en el shopping cuando están de oferta.

Los envuelven incluso y no te lo restriegan en la cara. No hace falta. Su aspecto relajado y fresco mientras nosotras tironeamos con otra por la última piscina con los Angry Brids, lo dice todo.

La artesana anticonsumo. Ella a sus hijos no les da regalos comprados. Nombrar a Papá Noel en su casa está prohibido. Es un invento del marketing oportunista que solo busca hacernos gastar en plásticos que invariablemente contaminarán el Planeta. Sus hijos reciben galletitas caseras, almohadones con mandalas y flores para el pelo. Hay también versiones más leves de esta misma especie, que solo compran lápices y hojas de dibujo, libros infantiles, ropa de 100% algodón o libretas de papel reciclado.

Si tenés la suerte de tener a una de estas en tu vida, recibirás de regalo navideño una hermosa mirada de reprobación con cada camión a pilas o triciclo de colores que salga de adentro de los paquetes monstruosos que abren tus hijos mientras gritan enajenados.

La estresada permanente. Esta es la némesis de la previsora. Es 24 de diciembre a las 11 de la mañana y no compró nada. Te llama por teléfono para pedirte favores insólitos (que le recojas en la otra punta de Montevideo un paquete que sale un metro para afuera de la ventana del auto o le pidas a una amiga que fabrica muebles que le haga una mesa y dos sillitas para las diez de la noche) y se ofende si le decís que no podés o estás ocupada.

Llega tarde la cena navideña cargando un paquete imposible de disimular o pone los regalos de Reyes a las corridas y haciendo tanto ruido que despierta no solo a sus hijos sino a todos los niños de la cuadra.

La redactora de listas. Todos los años ella hace una lista de los regalos que deben recibir sus hijos y los reparte minuciosamente entre todos los miembros de su familia. Hasta ahí todo muy civilizado. El problema es que poco le importa el precio (exhorbitante) de lo que te está asignando, que solo se consigue en una tienda a 50 kilómetros de Montevideo o que no aceptan tarjeta de crédito.

Si comprás algo que no es exactamente lo que te pidió (forma, color, peso y marca) te mira como si a su hijo le estuvieras regalando veneno. Y lo peor de todo, es que en la lista del año siguiente, vendrá su venganza.

La moderna cool. Ella es moderna y estimula a sus hijos para que se desarrollen. Tienen 6 años y ya saben que “Papá Noel son papá, mamá y los abuelos”. Y aman contarle la buena nueva a todos sus primos, sobrinos, amigos sin que su madre sienta ni por un minuto la necesidad de preguntarte a vos si te parece buena idea que tu hijo se entere de que sus padres le mienten en la cara, una Nochebuena a las 11 de la noche.

Cuando ya estás por matarla, te mira con cara de “moderna cool” y sonriendo te dice: “No seas amargada, ¿no es hermoso compartir conocimiento?”

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