Mamá Jeckyll y la señora Hyde

jeckyll

Mentí todo lo que quieras. La verdad es que tarde o temprano en algún momento caés en la trampa. Y aunque sea por un rato, la maternidad se te transforma en la gerencia de una empresa, llena de proyectos, objetivos e indicadores. Todas alguna vez compramos la idea de que cuando la primera mujer en la historia decidió tener un hijo, alguien escribió una lista de tareas y las fechas en las que hay que cumplirlas. Y no en papel, en piedra.

Por eso ahora, todas y cada una de nosotras escucha en algún momento una voz que le pregunta por qué el hijo de la mejor amiga camina con 17 meses, mientras el suyo gatea. ¿Por qué esa nena que ves en Facebook tiene un año y medio y está sentada en la pelela, mientras el tuyo tiene más de 2 y se niega a sacarse los pañales? ¿Cómo es que ese nene que vimos en el súper parece que se hubiera tragado un diccionario mientras el mío sigue usando tres palabras sueltas? ¿La vecina lee con 4 años y medio, pero tu hija sigue mirando a Peppa? ¿El tuyo de 13 tiene un compañero al que llamaron de Google para una pasantía? ¿Vos viste como pronuncia en inglés la sobrina de tu cuñada?

No importa cuán relajada seas, cuántos libros leas, cuántos especialistas consultes. No importa incluso si sos pediatra o psicóloga infantil. No importa si esto que estás leyendo te animás a decírselo a tus amigas o estás dispuesta a negarlo bajo la peor de las torturas. En algún momento te agarra con la guardia baja. Una voz que viene de muy adentro. Una voz bajita, que aunque subas la música o finjas que no la oís, se las arregla para que la entiendas claramente. ¿Qué hiciste mal? ¿Sos vos el problema?  ¿Fue algo que comiste? ¿Fue la copita de vino que te tomaste en la octava semana sin saber todavía? No, seguro es porque trabajás más que las otras. O, ¿será que no lo estimulás lo suficiente? ¿Será que le compraste una tableta? 

Ser madre, al menos para mí, es estar siempre entre dos impulsos. No saber si reírte o llorar cuando te muestra orgulloso su último dibujo, ¡qué hizo en la pared del living con marcador indeleble! Es no saber si querés matarlo o abrazarlo cuando tira un vaso lleno de jugo arriba del sofá porque quiere saber “si se hace charquito”… Y dejarlo cruzar solo la calle, mientras te apretás las manos en la espalda muerta de miedo…

Es tener todo el día en la cabeza dos voces que hablan y te dicen cosas opuestas. Estar convencida de algo de lo que estás dudando sin parar. Estar segura, y en ese instante idéntico, sentir que te morís de miedo. Como vivir 24 horas al día en la versión femenina y hormonal del Doctor Jeckyll y Mr. Hyde. ¿Será que escribir este blog me está enloqueciendo?

 

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