Solo un minuto

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Imaginate esto. Yo sé que parece un delirio pero seguime por un minuto. Vivís con alguien que no aporta ni se ocupa de nada. Que no solo no ordena, ni limpia, ni ayuda a pagar las cuentas sino que cada vez que puede rompe algo —cuanto más caro o más raro mejor— o ensucia todo lo que encuentra a su paso.

Pensá además que cuando se mudó a tu casa, y por el siguiente año que vivió contigo, se despertó varias veces por noche llorando a los gritos o hablando y riendo. Imaginate que muchas de esas veces te pidió que dejaras de dormir y te ocuparas de darle de comer. Acordate que tampoco dejó de hacer esto en las noches en que te habías acostado tarde o estabas enferma.

Pero no contento con eso, ahora que ya pasaron años desde que se mudó a tu casa, usa las madrugadas para subirse a tu cama y meterte un pie de 12 centímetros en la boca mientras estás durmiendo.

Tratá de imaginarte que además te somete a torturas físicas y psicológicas como obligarte a comer su alimento ya masticado, tirarte del pelo sin descanso o arrojar repetidamente objetos mientras te observa juntarlos del suelo.

Creeme ahora cuando te digo que no solo pretende que le pagues sus estudios y la ropa que usa apenas unos meses sino que además financies sus idas al cine y ¡sus vacaciones! Quiere que sepas los nombres de todos los dinosaurios que pisaron la Tierra, que le enseñes a dibujarlos y que cantes sobre cada uno de ellos.

Exige que organices sus cumpleaños y conozcas a sus amigos, que lo consueles cuando está triste o cuando tiene pesadillas, que lo abraces fuerte sin motivo aparente y que lo escuches cuando te cuente que inventó cómo hacer agua enjabonada. Que lo acompañes al médico, que lo hagas sentir mejor cuando se enferma y que le cuentes un cuento cuando no puede encontrar el sueño.

Como me pasó a mí hace cuatro años, un día él se mudará a tu casa y exigirá que dejes todo lo que estabas haciendo. Pretenderá que a partir de ese día, sea él quien decida la mayoría de las cosas importantes en tu vida y que, además, estés contenta de que lo estás haciendo.

Imaginate. Por un minuto. Imaginate.

Y creeme si te digo que no hay nada mejor que cada uno de esos días y esas noches que te estoy diciendo.

(Columna publicada en Revista Domingo del diario El País, el 15 de mayo de 2016)

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