El placer de las vacaciones en 6 llamadas telefónicas

Debe ser porque soy nueva en esto y es por eso que todavía no me acostumbro. Hasta hace cuatro años mi único contacto con el fenómeno podía darse si, olvidando las fechas, se me ocurría ir al cine y terminaba despegándome pop del pelo y refresco de los pantalones. Pero es que no lo entiendo. ¿Cómo que hay vacaciones? ¿Otra vez? Si terminamos la adaptación hace dos semanas y la semana pasada estuvo la mitad en casa porque se contagió de la primera gripe en el colegio… El lado bueno es que por lo menos me descuentan esta semana de la mensualidad… ¿Ah no? ¿En julio tampoco? ¿Y en setiembre?

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1.—Hola, mamá. ¿Todo bien? Llamaba para ver si podés cuidarme el nene la semana que viene porque tiene vacaciones y no tengo a quién dejárselo….¿Vos también te vas de vacaciones? Ahhhh, mirá que lindo….No no, tranquila, yo me arreglo. Me arreglo, me arreglo…. Besos, besos…

2.—Hola suegra. ¿Cómo va todo? Yo bien, lo más bien, lo más bien. Llamaba porque con el tema de Semana de Turismo estamos un poco complicados con el gordo y quería saber si se puede quedar unas horitas por ahí… Se van al interior a ver a la familia… Que lindo…Precioso, precioso plan…. No, no se preocupe… nos arreglamos… tranqui… pasen lindo… Besos…

3.—¿Hola, cuñada? Que tal, perdoná que te jorobe y te la hago media corta porque estoy en el trabajo y vos también si… ¿A la gorda dónde la van a dejar? Porque no tengo dónde meter al gordo, ponele que de mañana me arreglo pero ya de tarde se me complica… ¿Se va con la otra abuela? ¡Qué suerte che! ¡Qué copada tu vieja, una diosa! Te dejo y sigo llamando… Besos

4.—¿Hola tía? Soy yo la hija de tu prima si. Si, la verdad hace un tiempo que no nos vemos si. Es cierto si, nos vemos en los velorios…Hace un montón que no se muere nadie si… ¿Te conté que tengo un hijo tía? Tres años tiene si… Che, te hago una consulta. ¿Qué tenés que hacer en Semana de Turismo por las tardes? Lunes, miércoles y viernes té con amigas…  qué copado… ¿Martes y jueves? De tres a cinco podrías, genial entonces. Te lo llevo el martes y ya lo conocés…

5.—Hola, ¿jefe? Disculpe que lo llame a esta hora…¿Comiendo? Mil disculpas, pero es un minuto nomás. ¿Complica mucho si voy con el nene a trabajar lunes, miércoles y viernes? El viernes es feriado cierto…. ¿Lunes y miércoles está ok entonces? ¿Lo va a pensar? Genial entonces…

6.—¿Mi amor? Ya lo coloqué con mi tía Pocha el martes y jueves de tarde. Pocha, mi tía. ¿No te la presenté nunca? Juraría que te la había presentado en el velorio de mi abuela… Tranqui, es una copada… El viernes lo tengo libre… ¿Vos al laburo lo podés llevar el lunes o el miércoles? Sino yo me tomo ahora la licencia. ¿En julio te la tomás vos?

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Los secretos más oscuros

Dejémonos de mentiras. Basta. Seguro no estamos solos. Es cuestión de respirar hondo y dejarlo salir en la exhalación. La verdad nos hará libres, estoy segura que leí esa frase en algún lado. No se preocupen, voy yo primero…

Traicion-y-asco

A continuación la lista de cosas asquerosas que la maternidad me ha regalado:

¿Que gusto tendrá? La pregunta parece obvia, inocente. Incluso tiene lógica preguntarse por qué le daríamos a él algo cuyo gusto ignoramos por completo. Sin embargo, al probarla nos damos cuenta. No fue una buena idea. Por algo es, que la del café con leche sale de alguien llamada Vaca.

– Comida masticada. Estás ahí, parada en el medio de un cumpleaños/plaza/playa/etc. y no ves un basurero cerca. Él abre su boca, saca una galletita a medio masticar, la suelta sobre su mano y te la entrega para que vos te ocupes de ella. Vos mirás para todos lados y te quedan dos opciones, pero llevás años despotricando contra los que tiran mugre al suelo. Abrís la boca y te lo comés. Como dicen en las películas de asesinos, la peor es la primera vez.

– Mocos. No importa cuántos lleves, en algún momento los pañuelos se acaban. Y, como diría Murphy, se acaban exactamente 30 segundos antes de que él se pase la mano por la cara y un monstruo verde emerja de sus narices. Revolvés la cartera, buscás por todos lados, mientras el tipo tironea de tu mano intentando irse. Es un segundo. Un segundo, y el monstruo verde está, ahora, en tu mano…

Más mocos. No hay nada más hermoso en esta vida que hacerlo sentir mejor. Pero nadie te explica que a veces, “hacerlo sentir mejor”, implica chupar un tubo plástico cuyo otro extremo está metido dentro de su nariz. Me encantaría que alguien me dijera si hay una razón médica que explique por qué el tubo tiene que ser transparente y darme la primera fila en “El camino del moco”.

– Roadtrip al infierno. Estás de vacaciones y llueve. Tanto saltó, gritó y tiró cosas al suelo, que ir a pasar el día al Chuy empieza a parecerte idéntico a caminar por una calle de París. Estás en el medio de la ruta, nada más que pasto y un árbol cada dos kilómetros, cuando escuchás un sonido inconfundible. Inmediatamente después, el aroma te saca de la duda y te das vuelta temblando. Está ahí, aliviado, riendo. Cubierto, de pies a cabeza, con su almuerzo. Lo único que podrá defenderte es un paquete empezado de toallas húmedas. Roadtrip al infierno.

– Caca en la cara. ¿Quién puede decir que nunca abrió un pañal y fue invadido por litros de una especie de mancha voraz que avanza y cubre todo a su paso? ¿Quién puede decir que después de eso no sintió un insoportable picor en alguna parte de su cara que instintivamente intentó rascarse? Lo demás, historia conocida.

– Desayuno de campeones. Era sábado, cerca de las ocho de la mañana. Un grito desesperado me sacó, como un piñazo, de mi sueño plácido: “¡¿Tengo mierda en la espalda?! ¡Decime por favor que no tengo mierda en la espalda!” Mientras su padre gritaba, enajenado, él jugaba como si fuera plasticina, en el medio de la cama…